“He aquí lo que he oído decir. Cierta vez, se encontraba el Buda en la ciudad de Savatthi, en el Bosque de Príncipe Jeta. Había también allí numerosos samanes, brahmanes y mendicantes de varias sectas, que sostenían diversas teorías. Unos opinaban “el mundo es eterno; esta es la verdad y lo demás es falso”, y otros: “el mundo es limitado; esta es la verdad y lo demás es falso”; y otros “el alma es una cosa y el cuerpo otra: esta la verdad y lo demás es falso”.Y se peleaban y agredían diciendo: “la verdad es así, y la verdad no es así”.

Fueron a contarle esto al Buda, y éste dijo “Los mendicantes de otras sectas son ciegos. No conocen el bien, no conocen el mal. Por eso se pelean entre sí”. Les contó esta historia.

“En otro tiempo, el rey de Savatthi mandó reunir a todos los ciegos de nacimiento y les mostró un elefante. A unos les mostró la cabeza del elefante, y les dijo: “Así es, ciegos, el elefante”. A otros les mostró la oreja del elefante, y les dijo: “Así es, ciegos, el elefante”. A los demás ciegos les fue mostrando otras partes del elefante. y cuando hubo terminado les preguntó: “¿habéis visto el elefante?” y contestaron “lo hemos visto, señor”. “Entonces, decidme, ciegos, ¿cómo es el elefante? Los ciegos que habían tocado la cabeza dijeron “Señor, el elefante es como un cántaro”. Los que habían tocado la oreja dijeron “Señor, el elefante es como un gran cesto para aventar el trigo”. Los ciegos que habían tocado el colmillo dijeron: “Señor, el elefante es como un timón de arado”. Y así sucesivamente,  hasta que aquellos hombres empezaron a golpearse con los puños.

El rey estaba encantado.

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