Imaginad un viaje en el tiempo; no demasiado tiempo, solo un par de siglos. Imaginad un viaje antes, concretamente, de la Revolución Francesa.  Un viaje cuando aún no existían unidades objetivas de medida como el kilogramo, el metro, o el litro. ¿Como se producía el comercio entonces? La respuesta es; con bastante dificultad. Las discusiones y los engaños debían ser frecuentes, y eso sin contar que en cada región se usaba una unidad de medida distinta (cosas como la fanega, el costal, la vara, el celemín, la arroba…) Si quieres hacerte una idea del desorden que implicaba esto, puedes ver esta entrada de la wikipedia, donde puedes ver que una vara media 912 cm en Alicante, pero solo 782 en Baleares.

La solución a este despiporre fue la siguiente; establecer un patrón para medir longitudes, masas y volúmenes.  Y se hizo de una forma curiosa. Se construyo un objeto que media exactamente un metro, y otro que pesaba, exactamente, un kilo. Estos objetos están todavía en Sevres, cerca de París.

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La cuestión que tal vez os hagáis es ¿Como sabían que esos objetos pesaban un kilo y median un metro? ¿Como los midieron y pesaron? Bueno, eso es lo interesante. Esos objetos pesan un kilogramo y miden un metro por definición.  Un metro es lo que mide ese objeto, y un kilogramo lo que pesa el otro.   Se hicieron copias exactas para enviarlas a diversos países, de modo que la definición de metro y kilo  se generalizase por todo el mundo.

Esta idea de utilizar estos objetos como patrón parte de la condición de que sus propiedades sean constantes y eternas. Mal estaríamos si el metro menguara o creciera, o si el kilogramo perdiera masa. Por eso se hicieron en una aleación de platino e iridio que mantiene sus propiedades. Y por eso esta en una campana de vacio. (Aunque parece que el kilogramo ha perdido 50 microgramos en los últimos 100 años no se sabe por qué)

Lo interesante de esta historia es la idea de como el desacuerdo y la confusión pueden vencerse estableciendo patrones inmutables y perfectos, que nos permitan definir las cosas.

 

Eso, en Platón,  son las Ideas.

 

 

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Es bastante común rastrear el origen de la Teoría de las Ideas en las enseñanzas de Sócrates y su enfrentamiento con los sofistas. Platón, según reconoció el mismo, decidió dedicarse a la filosofía y no a la política al ver que las intrigas por el poder habían producido la decadencia de la polis, y sus conciudadanos habían acabado por cometer la mayor de las injusticias al matar a su maestro, quien era según él  “el más justo de los hombres”.

Tanto Sócrates como Platón parecían acusar a los sofistas de practicar un relativismo insostenible. Si la justicia, por ejemplo, significa unas veces una cosa, y otras veces, otra, según nos convenga… si las palabras no tienen un significado fijo; ¿cómo nos pondremos de acuerdo? ¿Cómo podremos decir siquiera que la palabra “justicia” tiene un significado?

Esto para los sofistas no tenía demasiada importancia, pero a Platón le parecía escandaloso. Si las palabras tienen un significado, pensó, es porque las cosas tienen una esencia. Las cosas (la “justicia”, por ejemplo) no significan un día una cosa y otro día otra.  Debe existir una Justicia fija e inmutable.El problema es que Platón, que había  leído a Parménides, parecía pensar que en este mundo no hay nada fijo e inmutable. De modo que el planteamiento de la cuestión era que si debe existir algo fijo e inmutable, pero en este mundo no hay nada fijo e inmutable, la conclusión está clara:-Debe existir algo fijo e inmutable en otro mundo.

Con esto Platón estaba dando un paso más allá de Sócrates; Sócrates en su método (la mayeutica)  se dedicaba a mostrar la ignorancia de los sofistas, pero sin dar respuesta a sus propias preguntas acerca del significado de la justicia, el valor o la piedad. Platón supuso que el significado de estos términos era una esencia, y que esta debía radicarse en otro mundo.

Con esta visión metafísica Platón inauguraba el Idealismo en filosofía, y un Idealismo entendido en sentido fuerte, no como la idea de que puede existir un mundo mejor, sino que ese mundo mejor realmente existe, y más aún, es el único que existe. 

Hay que advertir de que las Ideas para Platón no son, como pudiera parecer, contenidos mentales, que es lo que parece sugerir la palabra idea en la lengua castellana. Las Ideas Platónicas son entidades separadas de la mente, subsistentes en otro mundo, de modo que existen independientemente de que se piensen o no. Aunque desapareciese el ser humano, aunque desapareciese el Universo, las Ideas seguirían siendo lo que son.

 

La Teoría de las Ideas supone que el mundo sensible, en el que nos encontramos corporalmente, es una copia de un Mundo suprasensible, inmutable, inmaterial, perfecto y eterno. Todo aquello que hay en este mundo tiene su origen en este mundo de las ideas, lo cual implica que hay una Idea de cada cosa de este mundo.  Las ideas son modelos de las cosas, que las imitan sin lograr su perfección.  Las ideas son una especie de canon, un modelo ideal de las cosas sensibles, que tratan de parecerse a ellas.

File:Vitruvianischer Mann.jpg

Pero hay una cosa que diferencia a las ideas, entendidas como modelo, y los ejemplos con los que antes habíamos empezado la entrada; el metro o el kilogramo. Y es que el metro y el kilogramo son patrones convencionales, es  decir, que los humanos los hemos adoptado como reales, aun cuando podríamos haber adoptado otros. Las ideas en ningún caso son convenciones, sino que para Platón son cosas muy reales que existen en otro mundo independiente del mundo sensible.

Las ideas solo son accesibles por el esfuerzo intelectual del sabio, que puede descubrirlas (propiamente habría que decir que puede recordarlas) a partir de un proceso dialéctico. El conocimiento de las ideas es gradual y las propias ideas están jerarquizadas, de modo que unas son más difíciles de captar que otras. Las de menor rango serían las ideas de las cosas, seguidas de las ideas matemáticas, las ideas de los objetos éticos y estéticos y finalmente la idea de Bien.

La Teoría de las Ideas impregna toda la filosofía de Platón, como se puede ver en este texto de la República; El mito de la Caverna da respuesta a la pregunta ¿Quién debe gobernar? Para Platón el único gobernante legítimo es el sabio, y el sabio verdadero (no el sofista) es el que ha salido de la caverna del mundo sensible y ha contemplado las Ideas

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