En su teoría política Platón parte de una serie de ideas psicológicas; el alma de cada persona está compuesta de tres partes, apetito, coraje e inteligencia. En diferentes personas predominan de manera distinta, por lo que unas de ellas tenderán por naturaleza a desarrollar una actividad y otras otra.  Para Platón también el Estado debe cumplir tres funciones; proveer a sus ciudadanos, defenderlos y gobernarlos. De este modo la psicología y la sociología de Platón parecen encajar perfectamente. Por naturaleza, cada clase social debe dedicarse a la función que le es propia, sin interferir en las otras. Y debe hacerlo bajo el dictamen de tres virtudes diferentes que son las adecuadas a las tres partes del alma; la moderación, el valor y la prudencia.

Aquí va una imagen de como se conectan todos estos elementos tripartitos.

24. Cuadro clases sociales

 

Pues bien, el estado ideal es para Platón aquel en el que cada uno hace lo mejor para el colectivo, dependiendo de sus dones y su carácter.

 

El mito de la caverna viene así a responder a una pregunta capital de la ordenación social de la Republica; la pregunta es ¿Quién debe ser el gobernante? O más específicamente ¿Quién es el sabio llamado a ser filosofo-rey?  Platón propone en el mito su idea de que lo que caracteriza al gobernante es que ha salido del mundo material y, por medio de su razón, es capaz de conocer las ideas y muy especialmente la Idea de Bien. Pero esto no es algo que se de fácilmente, sino el resultado de un proceso educativo largo y difícil. Platón no escatima palabras a la hora de hablar de la dureza de la educación del sabio, como cuando habla de la “escarpada subida” para salir de la caverna o de la ceguera momentánea que sufre el prisionero hasta que sus ojos se acostumbran a la luz. Para Platón el conocimiento parece ser un camino duro y sin recompensas (pues el sabio tiene el desprecio y hasta el odio de los ignorantes) Pero es un camino necesario para los gobernantes, y para el bien de todos.

Para explicar el proceso de educación del sabio Platón utiliza la palabra dialéctica; mediante el estudio y el dialogo el sabio va conociendo lo inmutable frente a lo cambiante, lo unitario frente a lo múltiple y lo ideal frente a lo sensible. En una palabra, lo que el sabio descubre es la esencia de las cosas, que no es sino la Idea de ellas.

Que el conocimiento para Platón es dialectico significa que se adquiere mediante un proceso gradual de preguntas y respuestas, de afirmaciones y contradicciones. Dice Platón que en este proceso dialéctico de conocimiento el sabio tiene que pasar por cuatro fases. En estas cuatro fases el sabio va conociendo primero las imágenes de las cosas sensibles.  (A este conocimiento Platón lo llama Eikasia), en segundo lugar las cosas sensibles en sí mismas. (A este lo llama Pistis),en tercero los objetos matemáticos. ( Dianoia). Y en cuarto lugar las Ideas (Noesis). En el mito de la Caverna esta gradualidad se expresa bien; el prisionero liberado tiene que ver primero los objetos que proyectan las sombras, las reflejos de esos objetos en el exterior y finalmente, una vez que se ha acostumbrado a la luz, los objetos mismos. (Las ideas). Por último el sabio es capaz de captar aquello que da origen a todo y que permite que todo sea conocido; la idea de Bien.

Platón defiende que este proceso de conocimiento de las ideas es una variante del recuerdo; Según él el alma inmortal vive antes de nacer en el mundo de las Ideas, con el perfecto conocimiento de ellas. Una vez que nace el alma queda corrompida por el cuerpo y olvida las ideas, distraída por los engaños de la sensibilidad. El fin de la educación es conseguir que el alma recuerde lo que lleva dentro, pues posee las ideas de forma innata. Esta visión antropológica de Platón (la idea de que el cuerpo es como una cárcel de la que el alma debe liberarse, o la idea de que existen ideas innatas) ha sido muy influyente en la historia del pensamiento, y en la historia humana en general.

Para fundamentar una sociedad justa, según Platón, es importante que la educación adiestre a todos los ciudadanos en las labores que sean necesarias para el Estado. Y muy especialmente a unos ciudadanos, los sabios, que son los que deben gobernar la Republica en el conocimiento del Bien y la Justicia.