Como insiste el texto, la primera tarea de S. Agustín era establecer que el ser humano puede conocer la verdad. En esto se posiciona contra las corrientes escépticas  que pensaban que la Verdad, con mayúsculas  es inalcanzable para el hombre, quien solo puede tener meras opiniones , revisables y temporales. San Agustín es un creyente, y por lo tanto su enemigo principal son los escépticos. Él defiende que hay una verdad absoluta (somos, conocemos y amamos) y aprovecha para conectar esta verdad con la Trinidad. Estas tres partes del alma son imágenes de la Trinidad divina.

Si, como advierte el ejemplo, es posible encontrar la Verdad ¿donde podemos encontrarla? ¿Como podemos acceder a ella? A esto Platón había respondido con su metafísica idealista, con la idea de que hay dos mundos y el sabio puede, tras largo esfuerzo, conocerlos. S. Agustín argumentará de modo diferente. Para él el camino hacia la verdad es un camino interior; es en el alma, en tanto en cuanto es lo mas parecido a Dios, donde se puede encontrar la verdad absoluta. El camino hacia ella es un camino de introspección.

S. Agustín sigue a Platón en que tienen que haber verdades eternas e inmutables que no tienen su fundamento en la experiencia sensible, que nos muestra un mundo múltiple y cambiante. Pero a diferencia de Platón, él no cree que estas ideas estén en un mundo paralelo. Estas ideas solo existen en la medida en que hay alguien que las piense. Y si tales ideas son eternas y perfectas, la mente que las piensa solo puede ser eterna y perfecta igualmente; por tanto estas ideas están en la mente de Dios. Dios hace el papel que la idea de Bien (el Sol) hacia en la filosofía platónica.

De este modo, el conocimiento intelectual tiene como objeto conocer la mente (las ideas) divina. Pero esto es algo que está mas allá de las capacidades intelectuales del hombre. Para llegar a conocer las ideas divinas el ser humano precisa de una gracia, un don divino con el que Dios alumbra su mente. Esto es lo que se llama la iluminación. Mediante ella, el ser humano conoce las ideas eternas e inmutables. Para ello, como se ha dicho antes, el hombre debe buscar en su interior.

En resumidas cuentas, S. Agustín distingue tres grados de conocimiento

  1. Conocimiento sensible. Es el que nos ofrece datos del mundo externo. Nos ofrecen un mundo cambiante y  por consiguiente no es verdadero conocimiento, sino mera opinión.
  2. Conocimiento intelectual. Nos permite juzgar sobre los datos que nos ofrecen los sentidos. Esta orientado hacia la vida practica, y, en consecuencia, centrado en el propio interés. . Es un grado superior al conocimiento sensible, pero no es el conocimiento absoluto que buscamos.
  3. Conocimiento contemplativo. Es el conocimiento absoluto. Mediante este conocimiento tenemos acceso a las ideas de la mente de Dios. En propiedad, este conocimiento esta reservado a los justos en la vida futura.

Este planteamiento de la cuestión enlaza de modo indisoluble la fe y la razón. La razón y la fe no solo no son enemigas la una de la otra, sino que la razón necesita de la fe para acceder a las Verdades Eternas, que solo se pueden entender mediante la gracia divina. La razón debe asumir sus limitaciones, y entender que solo mediante el concurso de Dios puede acceder al verdadero conocimiento. Sin la ayuda de Dios, la razón en solitario llega al absurdo y al escepticismo.

 

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