La razón de ser de la psicología social es bastante evidente; sea como sea una persona, es bastante claro que su forma de pensar, su forma de sentir y su forma de ser se verá afectada por sus relaciones con los demás. Ahora bien, resulta a menudo asombroso ver hasta qué punto.

Durante las últimas décadas los psicólogos sociales han construido muchas teorías y elaborado experimentos para determinar en que modo nos influimos unos a otros, llegando a conclusiones a veces sorprendentes. Vamos a ver algunas de estas aportaciones. Empezaremos definiendo algunos conceptos.

Grupos.

Un grupo es un conjunto de personas con el que se tiene una interacción mutua. Lo propio de un grupo es que sus componentes se tienen en cuenta mutuamente y actuan de algun modo en común. Un grupo es por ejemplo una clase, una familia o un conjunto de personas reunidas para empujar un coche.

Un grupo no es la gente con la que nos cruzamos en la calle, o la gente que comparte un autobus. Si ocurre algo que hace que esta gente tome conciencia de los demás y actuen juntos, entonces es un grupo.

 

Roles.

En teatro, un rol es un papel. Y ciertamente la sociedad es como un teatro, en el que cada uno desempeñamos determinado papel. El rol es el conjunto de comportamientos esperados de una persona en una situación social concreta.

Una persona puede desempeñar varios roles diferentes. Por ejemplo, puede ser hijo, padre, hermano, amigo, profesor universitario y miembro de una peña de carnaval, y cada uno de esos roles le exige diferentes cosas, a veces en conflicto.

La fuerza que puede tener el desempeño de un rol en nosotros es algo que estudió P. Zimbardo en un famoso experimento en el que replicaba una cárcel en la universidad de Stanford. Al azar se decidió que algunos estudiantes fueran reclusos, y otros carceleros. Los investigadores les dieron pautas de como debían comportarse.

El resultado fue inesperado. Los participantes se metieron de tal modo en su papel que los experimentadores tuvieron que cancelar el experimento el sexto dia, en lugar de las dos semanas que tenian previstas. Los investigadores se asombraron de la relativa facilidad con la que personas normales se comportaban como sadicos carceleros o dóciles presos, muy diferentes del carácter que habian mostrado antes del experimento. Este estudio nos enseña lo rapidamente que las personas asumen los roles.

 

 

Conformidad.

Observa este experimento.

Es el experimento de Asch. Este experimento, replicado de diferentes maneras muchas veces, muestra como la gente tiende a adoptar el punto de vista de su grupo de referencia.  La influencia de un grupo puede ser sutil, y a veces hasta inconsciente.

La conformidad es el resultado de la enorme sociabilidad de los humanos como especie. Dado que vivimos con otras personas, tendemos instantáneamente a adoptar sus patrones de conducta, sea al conducir, al hacer una cola o al guardar silencio en un sitio. La conformidad es, por tanto, positiva la mayoría de las veces, puesto que nos permite prever que todo el mundo  se comportará como todo el mundo. Pero en ocasiones la conformidad puede ser causa de terribles errores, pues los individuos pueden sentirse llamados a ignorar errores graves cuando todo el grupo los da por buenos. La gente puede lanzarse en manadas a cometer un error, sea un pánico o una burbuja inmobiliaria, bajo la idea de que lo que hay que hacer es lo que hacen todos.

 

 

Obediencia.

El experimento clásico sobre la obediencia a la autoridad es el conocido experimento de Milgram. Aquí está la reconstrucción que hizo Derren Brown.

Y una diferente versión, en el formato de un concurso de televisión.

 

 

 

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