Vimos en un post anterior que el cristianismo supuso un cambio importante para la filosofía, en forma de nuevos temas que pensar y nuevas formas de pensar temas antiguos. Uno de las aportaciones mas importantes de los filósofos cristianos tomo la forma de una nueva visión antropológica.

Para el cristianismo el ser humano, como toda la realidad,  es una criatura de Dios; esto es, es creado por Dios. Esto introduce en el pensamiento el tema de la contingencia de lo real. Esto significa que todo lo que existe podría no haber existido, pues depende de la voluntad divina. Los filósofos posteriores (sobre todo los existencialistas del siglo XX) sacarán muchas conclusiones sobre esta idea que introduce el cristianismo, preguntándose ¿Por qué existe lo que existe? Esta cuestión era completamente extraña a la mentalidad griega, para la que la existencia del mundo no depende de la voluntad de nadie, y por lo tanto se da con necesidad.

Pero el hombre, para el cristianismo, no es una criatura como los demás  Es una criatura especial, en tanto que está, como dice la Biblia, hecho a imagen y semejanza de Dios. Esto implica que

  1. Dios y el hombre tienen una relación preferente. El hombre puede dialogar con Dios, que se ocupa de él de forma especial. Esto es lo que significa que dios es providente. Dios se ocupa del mundo y del hombre especialmente. Esta idea es muy propia del cristianismo, pero da pie a una pregunta fundamental, y es que, si Dios es providente y omnipotente ¿por qué hay mal en el mundo?
  2. El hombre no es una realidad natural como las demás, sino que esta por encima de la naturaleza, para dominarla y explotarla. El cristianismo separa radicalmente al hombre del resto de los animales, porque San Agustín defiende que el alma humana está hecha “a imagen y semejanza” de la divinidad. Así, el ser humano es una realidad intermedia entre Dios (que es superior a los hombres) y el resto de las criaturas (que son inferiores a los hombres) El cristianismo de S. Agustín está muy alejado de las actuales ideologías científicas  que contemplan al ser humano como un animal mas (pensad en el ecologismo, o en la teoría de la Evolución) El ser humano, gracias a su alma, es un ser facultativamente superior al resto de los animales. Todavía ahora la filosofía cristiana tiene dificultades para aceptar el hecho de la evolución.
  3. El ser humano, a diferencia de los animales, esta dotado de conciencia y libertad, lo que le permite hacer el bien y el mal y por tanto ser responsable. San Agustín distingue entre libertad y libre albedrío  El libre albedrío es la posibilidad humana de elegir entre el bien o el mal. La libertad, para S. Agustín, elige por contra siempre el bien.
  4. Es un ser dotado de sentido propio y trascendente, la salvación, un sentido que está mas allá de sus fuerzas, por lo que depende de la ayuda divina. En esto S. Agustín se enfrento a los pelagianos, que consideraban que la salvación humana estaba al alcance de los seres humanos. Para S. Agustín los seres humanos nacen con un pecado original que solo puede lavarse con la intervención de Dios y la de Cristo, que murió para librarnos de nuestros pecados.

 

En el texto de Agustín de Hipona que estudiamos se afirma que el hombre tiene algo a “imagen de Dios”. Esto no es sino el alma. El ser humano para S. Agustín es un compuesto de cuerpo y alma.  En esto el cristianismo de S. Agustín sigue ideas ya presentes en Platón. Igual que para el autor griego, el alma es la esencia del ser humano, y el cuerpo es un mero instrumento en el mundo sensible. También como Platón defiende S. Agustín que el alma es inmortal. Pero a diferencia de los griegos, los cristianos no creían que el alma fuese eterna, (como dice el texto “no es coeterna” con Dios) sino que tiene un origen puntual; para los cristianos, Dios tiene el poder de crear las almas, aunque no el poder de aniquilarlas.

Para S. Agustín esta alma parecida a la divinidad nos proporciona el mejor acceso al conocimiento de Dios. En puridad, según él, Dios es incognoscible e inefable, y permanece siempre como un misterio, pero investigando el alma humana por el camino de la instrospección es como encontraremos lo mas parecido a Dios.  A Dios se le encuentra reflexionando y ahondando en nosotros mismos, y esperando obtener el don divino de la Iluminación. 

Una aportación importante de S. Agustín fue la importancia que dió a la introspección y a la intimidad. S. Agustín insistió en la importancia de la vida interior. Para este filosofo la pregunta fundamental no es ¿que es el hombre? sino ¿Quien soy yo? S. Agustín, podríamos decir, es el padre de la conciencia moderna como examen interior. En su libro Confesiones se vuelve hacia si mismo con una inhibición y una franqueza que son muy distintas de lo que era usual en los griegos, que solían hablar del hombre bajo la excusa de la mitología o el teatro. Para un griego era una cuestión impensable confesarse, pues su sentido del pudor era mas grande, mientras que para el agustinismo es la forma mas directa de acceder a lo importante. Nada, para S. Agustín  es mas importante que uno mismo. Este interés psicológico hace de S. Agustín un pensador muy moderno.

En su meditación sobre el alma S. Agustín encuentra que está compuesta por tres facultades ;memoria, inteligencia,  y voluntad.  Esta división de las facultades es coherente con la división trinitaria presente en el texto; existir, conocer, amar. También, según Agustín, estas tres cosas se dan unitariamente “Recuerdo que tengo memoria, inteligencia y voluntad; sé que entiendo, quiero y recuerdo, y quiero querer, recordar y entender”,. Esto significa que no se dan las unas sin las otras, sino que todas estas facultades se dan juntas, unidas pero distintas, como la Trinidad misma.

De este modo, si tuviéramos que responder a la cuestión: ¿Que es el ser humano, para S. Agustín? deberíamos responder que lo propio del ser humano para este padre de la Iglesia (y por extensión para la doctrina católica que de el emana) son tres cosas; existir, conocer, amar. Los hombres (o al menos sus almas, que son inmortales) existen y no quieren ni pueden dejar de hacerlo, conocen y no quieren ni pueden dejar de hacerlo, y aman y no pueden ni quieren dejar de hacerlo. Las conclusiones de esta antropología, que ya se apuntan en el texto son (por ejemplo) 1/ que la existencia es un bien incondicional, un regalo de Dios que no puede ser rechazado por el hombre, lo que convierte al aborto, el suicidio o la eutanasia en ofensas a la divinidad y sinsentidos; 2/ que el auto-conocimiento (el examen de conciencia) es la verdadera y esencial tarea del ser humano, y 3/ que el universo es una creación, esto es, algo hecho por Dios para nuestro particular deleite. Diecisiete siglos después la Iglesia continua defendiendo conclusiones muy parecidas a las que Agustín de Hipona sacó de su lectura de las escrituras.