Una de las experiencias humanas universales es el momento en el que nos topamos de bruces con nuestras limitaciones biológicas. En un momento dado podemos querer correr mas rápido, o gritar mas fuerte, o zampar mas chocolate, pero nuestro cuerpo nos avisa rápidamente de hasta donde podemos llegar. No podemos vivir mil años. No podemos recordar todos nuestras vivencias. No podemos hacer de cabeza millones de cálculos en un segundo, ni volar, ni dejar de tomar liquidos durante un mes, ni infinidad de cosas. No podemos captar la luz ultravioleta ni detectar los ultrasonidos.

Los humanos han encontrado la forma de saltarse estas limitaciones con ayuda de la técnica. Los aviones, los libros, las computadoras, las armas o los detectores de ultrasonidos vienen a ayudarnos a hacer cosas (como volar, escuchar los pensamientos de personas desaparecidas o matar a miles de semejantes) que nuestra biología no nos permite. El cuento de Ted Chiang muestra un estado de cosas en el que las maquinas nos ayudan a algo que hasta ahora hacemos mejor que ellas; pensar.

La cuestión es que nuestro cuerpo ha sido diseñado para ciertas cosas; para caminar, por ejemplo, no para volar. Y lo que hace, lo hace muy bien. Llevamos millones de años haciéndolo y ha tenido tiempo de evolucionar para especializarse.

Del mismo modo, nuestro cerebro parece haber sido diseñado para pensar de cierta manera. Y durante millones de años esta manera de pensar nos ha dado sus resultados. Estas formas de pensar se presentan como un equipaje natural de todos los seres humanos, de todos los tiempos y culturas. Una especie de software de la especie. Los filosofos se han referido a esto con la palabra “innato”. Steven Pinker utiliza el termino “intuitivo”.  Algunos ejemplos de estos conocimientos son los siguientes.

 

 

  1. Una física intuitiva, cuyo idea básica es la de objeto, entendido como algo que permanece, se desplaza, se frena con el tiempo, ocupa un lugar etc.
  2. Una psicología intuitiva, que se basa en la idea de mente, entendido como algo que hace que las demás personas no sean maquinas, sino seres parecidos a uno mismo, con creencias propias y motivaciones que causan su conducta.
  3. Un sentido espacial intuitivo, que se basa en los conceptos de arriba y abajo, izquierda y derecha.
  4. Un sentido numérico intuitivo, que empleamos para pensar en las cifras y las cantidades.
  5. Un sentido de la probabilidad intuitivo, que empleamos para pensar en la posible ocurrencia de determinados fenómenos y su relación.
  6. Un sentido intuitivo de la economía, que descansa en nuestra idea del intercambio recíproco.
  7. Un sentido moral intuitivo, que toma la forma de la ley del Talión “Tratar a los demás como estos le tratan a uno”.

 

Estos conocimientos intuitivos han sido tremendamente productivos en la historia de la humanidad. No hay que decir que conceptos tales como “objeto”, “mente”, “arriba” “reciprocidad” o “igual ” son indispensables para entender el mundo.

El problema es que estas formas intuitivas de conocer el mundo pudieran haber quedado obsoletas. La realidad pudiera ser mas compleja de lo que hemos entendido siempre, mas compleja incluso, de lo que podríamos llegar a entender. En nuestra mente hay una lucha entre lo que intuitivamente los seres humanos han comprendido siempre y lo que la realidad podría ser. Veamos algunos ejemplos.

 

  1. Respecto a la física, la física cuántica desafía nuestra manera de ver el mundo.  Nuestra física natural  nos permite entender el concepto de “objeto”, como algo material. Pero los científicos arguyen que los elementos subatomicos son a la vez ondas y corpúsculos, que las particiones del espacio son finitas, que el espacio- tiempo se curva o que, en gran medida, todo en la naturaleza es un gran vacio. No solo la teoría cuántica; la misma teoría de Newton parece ir contra nuestra física intuitiva, al afirmar que un objeto que no se somete a ninguna fuerza seguiría moviéndose infinitamente.
  2. Nuestro sentido espacial intuitivo también se pone a prueba cuando consideramos que la tierra es redonda. En nuestra vida diaria los conceptos de arriba y abajo son muy útiles, pero en el espacio tienen poco significado.
  3. Nuestra aritmética intuitiva es un gran aliado para nosotros, pero a menudo la gente encuentra que los cálculos de grandes cifras son incomprensibles. ¿Que diablos significa cien millones de algo?  La gente, sencillamente, no sabe como concebir los grandes números. Tampoco es buena calculando probabilidades.
  4. La economía intuitiva se basa en el intercambio; la gente ofrece un objeto de valor y adquiere un objeto de parecido valor. Esto es razonable, pero en la economía actual las cosas no funcionan ni mucho menos así. En la economía actual el precio de algo se determina mediante el precio de mercado, lo que hace que la gente esté dispuesta a pagar millonadas por obras de arte horrorosas, o que un futbolista cobre miles de veces lo que un médico. Los mecanismos de la bolsa, los productos bancarios o la macroeconomía tampoco casan muy bien con nuestras intuiciones.
  5. Nuestro sentido moral intuitivo está bien equipado para que nos relacionemos con nuestra familia o nuestra tribu, mediante sentimientos como la compasión, la ira, la culpa o la vergüenza, pero no parece muy bueno para regular las relaciones con los extraños o con los muy lejanos. Nuestra moral intuitiva hace que un resfriado de nuestro hijo, o la opinión de un amigo, nos importe mucho mas que una guerra lejana con miles de muertos.

 

Podríamos seguir.

En todos estos casos parece que eso que podríamos llamar “el sentido común” es, básicamente, un error. Comprender la realidad nos supone hacer un esfuerzo por integrar verdades contra-intuitivas, como que la tierra es redonda, que jugar lotería es un pésimo negocio, que todo está vacío, que la desigualdad económica puede ser beneficiosa o que una persona de algún país lejano es tan importante como yo y los míos.  En todos estos casos tenemos que forzarnos a pensar de otra manera, o, como Kant lo llamaría, a hacer un “giro copernicano”.

 

Y, con todo, si nuestra mente es finita (y desde luego nuestro cerebro lo es) deberíamos toparnos con cosas incomprensibles; cosas que, por mas que las pensemos, no las llegamos a entender. Cuestiones como “¿Que había antes del Big Bang?” o “¿Como se las arregla el cerebro para crear sentimientos subjetivos?”, o “¿Como lograr que nosotros, y los seres que queremos, seamos eternos?”  parecen estar mas allá de nuestra comprensión.

Y aunque las máquinas, como apunta el cuento de Ted Chiang, alguna vez respondan a nuestras cuestiones, y sepamos, la cuestión de cómo lo sabemos seguirá en el misterio.