El otro día estuvimos explicando una de esas preguntas que rara vez nos hacemos y que damos por supuestas; ¿Que es la realidad? Hoy vamos a decir algunas cosas sobre otra de las preguntas trascendentales de la filosofía: la cuestión del sentido.

Hace tres siglos uno de los filósofos mas importantes, Inmanuel Kant, dijo que las tres preguntas mas importantes para el ser humano son las siguientes;

¿Que puedo conocer? 

¿Que debo hacer? 

¿Que me cabe esperar? 

A la primera pregunta ya hemos dedicado algunas clases (y haremos algunas máss) hablando de qué conocimientos son legítimos y cuales no, y explicando que nuestra experiencia de la realidad esta transida de subjetividad. A la segunda pregunta se dedican la ética y la política, a las que dedicaremos al final del curso bastantes clases.  A la tercera pregunta vamos a dedicar la entrada de hoy.

La pregunta por el sentido es una de esas preguntas filosóficas que, por generales y radicales, resultan bastante inmanejables.  Es una pregunta que nunca encontrara solución, pero a la que necesitaremos dar respuesta una y otra vez.

No se si es necesario explicar qué significa una pregunta como esta. Kant la formuló como ¿Que me cabe esperar? lo que presupone, en cierto modo, que el sentido de la vida hay que esperarlo… en otra vida, tal vez.

Otra forma de entender la cuestión del sentido es preguntarte que justifica la vida, como un todo.

¿Por qué pensamos que merece la pena vivir?

Pero tal vez la forma en la que se nos plantea mas crudamente esta cuestión es cuando nos enfrentamos al hecho de la muerte.

¿Que sentido tiene la muerte?

A estas cuestiones, la tradición filosófica se ha enfrentado con varios tipos de respuestas. En la siguiente imagen tienes un resumen:

 

 
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Vamos a ver tres de ellos en detalle;

1/ Para algunos el sentido de la vida es trascendente a ella. Esto quiere decir que la vida se ha de vivir para conseguir algún premio mas allá de este mundo. Por ejemplo, para las religiones la vida es un tránsito (o una prueba) para llegar al paraíso (o al infierno). Una respuesta parecida, aunque no religiosa, es la idea de que el sentido de la vida es la fama; es decir, que uno vive para dejar un gran recuerdo.

Aqui os pongo una escena de la película Troya, en la que Aquiles tiene que hacer una elección vital. ¿Cual es el sentido de la vida, para Aquiles?

2/ La segunda respuesta clásica es que el sentido de la vida es vivirla. Dicho filosóficamente, que el sentido de la vida es inmanente a ella. Hay que aprovechar el tiempo, aunque sepamos que todo es mortal (y precisamente porque sabemos que todo es mortal)

Para ilustrar esta posición aquí tenéis la primera escena de El Club de los Poetas Muertos.

3/ La tercera posición es la nihilista. (El término latino nihil significa nada) Para algunas personas la vida (y la muerte) no tiene sentido, dado que todo acaba en la muerte.  Después de la muerte no hay nada mas, y todo aquello a lo que dedicamos la vida (las cosas en las que ocupamos nuestro tiempo) no tienen el menor sentido. La vida es un absurdo. Vivimos y morimos para nada. Y ya está.

Hay algunas películas que han tratado de trasladar este mensaje nihilista.  Una película muy conocida (y sobrevalorada) es El Club de la Lucha.  La idea de que nuestras vidas son absurdas es lo que subyace a este discurso de Brad Pitt.

Quien quiera saber como se proponen estos muchachos darle sentido a su existencia, que se la vea.

Mucho mas interesante es el planteamiento de Hijos de los Hombres. En este film se plantea un futuro donde la raza humana aparece abocada a la extinción, dado que por alguna razón las mujeres han perdido su capacidad de engendrar hijos. En esta tesitura tan nihilista todo se vuelve, lógicamente,  absurdo.

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Os voy a dejar algunos enlaces relacionados con este tema. Lo primero es  un tipo contando lo que se le paso por la cabeza antes de que se estrellara su avión  Podéis poner subtitulos en español .

Es curioso que en el cine se muera con tanta frecuencia y facilidad (en casi todas las películas muere gente, y en muchos films de acción las personas mueren a docenas, algunas de las veces de forma tan ridícula como esta

Y el celeberrimo discurso de Steve Jobs en la universidad de Stanford.