Vamos a tratar de explicar  un concepto político que  aunque tiene ya algunas décadas  ha experimentado en los últimos tiempos un inesperado auge; el populismo.

Lo primero que hay que decir es que no resulta fácil encontrar cuál es la esencia del populismo. Los comentaristas lo utilizan para referirse a movimientos políticos muy diferentes, desde Podemos en España al Frente Nacional en Francia, el Brexit británico o Donald Trump en EEUU. A primera vista son fenómenos muy diferentes ¿Hay algo en común en ellos?

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El pueblo contra las elites.

Se puede encontrar este mínimo denominador en la etimología del término populismo. Los partidos populistas insisten en diferenciar entre El Pueblo (la gente normal) y Las Élites (la gente corrupta que manda y que tienen el poder para secuestrar la voluntad del Pueblo ) . Los movimientos populistas se presentan así como Partidos Desafiantes;  son los que quieren acabar con la política tradicional,  devolviendo el poder al Pueblo. Los partidos populistas, en definitiva, se alzan como La Voz del Pueblo. 

(Frente a esto, ¿que te parecen estas palabras de Meritxell Batet?)

Así las cosas, la primera cuestión es qué se entiende por Pueblo; para el populismo de derechas la idea de Pueblo es bastante restrictiva (ellos se fijan mas en el sentido étnico del asunto, entendiéndolo como la gente que comparte unos valores o una cultura) en tanto para los populistas de izquierdas el concepto de Pueblo es algo mas abstracto, como una comunidad cívica que incluye a toda la gente que vive en un país.

Esto se ve claramente si se atiende a como los populistas de izquierdas y de derechas se enfrentan a la cuestión de la inmigración. La izquierda defiende la diversidad y el  cosmopolitismo, la derecha defiende la unidad y la tradición.

 

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Los partidos populistas, entonces, se presentan como aquellos que encarnan la Voluntad Popular. En este sentido los populismos, tanto conservadores como progresistas,  son enemigos de la ideología liberal, pues para los liberales no hay algo así como Voluntad Popular ni mucho menos un “Pueblo”; lo único que hay son individuos con opiniones, intereses y voluntades muy diferentes, y el estado debe respetar sus derechos por encima de todas las cosas. Y reivindicarse como Voz del Pueblo es un abuso, como muy bien resumen las palabras de Batet, porque las sociedades son plurales. 

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Pablo Iglesias, en una concentración de Podemos

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El populismo tiene tirón porque cualquiera sabe que el sistema político tradicional, (con sus partidos, sus políticos corruptos, sus elecciones, sus trampas, sus parálisis, sus debates estúpidos…. ) es abiertamente disfuncional. Así que cambiar todo el sistema (que es lo que proponen los populistas)  es una tentación grande.

 

Siempre que oigáis a lideres políticos insistiendo en lo mal que están las cosas, es interesante que pongáis en marcha el detector de populismo.  Porque los políticos populistas son especialistas en mostrar los problemas, antes que, ay, en solucionarlos. Y no hay que insistir mucho para convencer a la gente de que las cosas van fatal. Por contra, la idea de que estamos mejor que nunca es decididamente impopular.

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La política como emoción.

Por otro lado, las propuestas de los partidos populistas son muy diferentes a la hora de cortejar a ese pueblo que tiene que votarles. No tienen mucho que ver las propuestas de Podemos y Siriza con las de Vox o el Frente Nacional, por descontado.   Y es que, como señalan algunos autores, lo propio del populismo no es tanto una determinada ideología (como puede haber detrás del liberalismo o el socialismo) sino una determinada forma de hacer política. Por eso el populismo puede ser tranversal a la izquierda, el centro y la derecha.

Y lo propio de la forma de hacer política populista es apelar a las emociones de la gente, mas que a su racionalidad. (Acuérdate de cuando hablamos de las falacias ad populum) Los políticos populistas son buenos en detectar las emociones latentes del electorado, como miedo, ira, envidia….. y dedicarse a explotarlas. Esto es muy rentable y hace de los lideres populistas verdaderos conductores de masas. Y en una época de redes sociales como la nuestra, donde las emociones, los temas controvertidos y las fake news corren como la pólvora, el populismo se encuentra en un hábitat perfecto.

Por otra parte, una de las cosas para las que los seres humanos estamos especialmente dotados es para hacer grupos y comprometernos con ellos. Los políticos populistas apelan al sentimiento tribal de la gente, que tiende a identificarse de manera natural con un grupo (nosotros contra ellos). Siempre que elabores un mensaje político basado en ese esquema es fácil que tengas bastante éxito. Es por eso que ahora la política está atravesada de cuestiones identitarias (cuestiones acerca de el derecho a ser X y lo difícil que resulta)

Los lideres populistas hacen una gran labor detectando las legítimas insatisfacciones de la gente con el sistema político y sirviendo de altavoz para ellas. Pero hay que darse cuenta de que la política no es solo ni principalmente el arte del conflicto, sino que es el arte del acuerdo. En algún momento hacer política debe significar alcanzar compromisos y trabajar juntos. Y centrarse únicamente en las divisiones (entre ricos y pobres, hombres y mujeres, nacionales y extranjeros, religiosos y laicos…) como hacen los populistas no es suficiente. Hay una diferencia grande entre alumbrar algo y pegarle fuego, y los movimientos populistas harían bien en recordarlo.